La creciente digitalización de los servicios financieros en la región ASEAN ha transformado la manera en que las personas gestionan sus finanzas personales y familiares. Este proceso ha traído consigo oportunidades para ampliar la inclusión financiera, pero también ha generado riesgos que requieren nuevas competencias. En este contexto, se plantea un marco de referencia que organiza los conocimientos, habilidades, actitudes y comportamientos necesarios para que los adultos puedan desenvolverse de manera segura en entornos digitales financieros.
En primer lugar, conviene destacar que la digitalización ha permitido un aumento significativo en el uso de pagos electrónicos y herramientas digitales para administrar dinero. Países como Camboya, Tailandia y Myanmar han mostrado incrementos notables en la adopción de pagos digitales entre 2017 y 2024. Sin embargo, los niveles de alfabetización financiera digital en la región siguen siendo inferiores al promedio mundial y al de los países de la OCDE. Por ejemplo, en Camboya e Indonesia menos del 8% de los adultos alcanzan la puntuación mínima de referencia en competencias digitales financieras, mientras que en Filipinas la cifra es más elevada, aunque aún por debajo de los estándares internacionales. A pesar de estos avances, persisten desafíos relacionados con la seguridad digital, la protección de datos y la exposición a fraudes. Además, la falta de experiencia en el uso de productos financieros digitales y ciertos sesgos en el comportamiento de los consumidores pueden limitar los beneficios de la digitalización. Por ello, se propone un marco de competencias que sirva como guía para diseñar políticas, programas y estrategias nacionales orientadas a fortalecer la alfabetización financiera digital.
Asimismo, se subraya que los servicios financieros digitales abarcan operaciones como pagos, transferencias, ahorro, crédito, pensiones e incluso seguros, además de servicios no transaccionales como la consulta de información financiera en línea. De ahí que las competencias incluyan tanto aspectos básicos de transacciones y contratos digitales como elementos más complejos vinculados con inversiones, criptoactivos y protección del consumidor. El marco se estructura en tres áreas de contenido. La primera aborda el dinero y las transacciones en entornos digitales, incluyendo conocimientos sobre monedas electrónicas, métodos de pago y registros financieros digitales. La segunda se centra en la gestión de las finanzas, abarcando presupuestos, ahorro, inversión, pensiones, seguros y crédito. La tercera se orienta a la seguridad, con énfasis en la identificación y prevención de fraudes, la protección de datos personales y el conocimiento de los derechos de los consumidores. Cada área se desarrolla en tres dimensiones: conciencia y comprensión, habilidades y comportamientos, y actitudes y motivación.
Por otra parte, aunque el marco está diseñado principalmente para adultos, también contempla competencias aplicables a jóvenes entre 15 y 18 años, quienes ya participan en actividades económicas y utilizan servicios digitales. Igualmente, se incluyen elementos relevantes para propietarios de micro, pequeñas y medianas empresas, dado que sus decisiones financieras suelen estar estrechamente ligadas a las personales. En cuanto a la implementación, se reconoce que cada país puede adaptar las competencias según sus regulaciones, nivel de desarrollo tecnológico y características culturales. Por ejemplo, algunos aspectos relacionados con contratos digitales, criptoactivos o banca abierta dependen de la normativa nacional. Además, se contempla la posibilidad de incorporar principios de finanzas islámicas en aquellos países donde resulten pertinentes.
Se plantea que este marco sea dinámico y evolutivo, capaz de ajustarse a los cambios en los mercados financieros, las tecnologías emergentes y las mejores prácticas internacionales. De este modo, se busca promover un entendimiento compartido en la región, facilitar la evaluación de programas de alfabetización financiera digital y contribuir a que los adultos puedan aprovechar los beneficios de la digitalización sin quedar expuestos a riesgos innecesarios.
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