INFLACIÓN ENERGÉTICA DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (IE-LAC)

El escenario económico de América Latina y el Caribe durante noviembre de 2025 revela una divergencia significativa entre los costos generales de vida y los precios específicos del sector energético. Mientras que la inflación total regional experimentó un incremento del 0,32%, la inflación energética se situó en terreno negativo con un valor de –0,04%. Esta disparidad sugiere que las presiones alcistas en la economía no provienen de los suministros básicos de energía, sino de otros rubros con alta ponderación, tales como los alimentos, bienes y servicios diversos. 

La deflación energética mensual, que pasó de un 0,19% en octubre a la cifra negativa de noviembre, responde a una combinación de factores internos y externos. En el ámbito local, más de la mitad de los países analizados implementaron normativas y medidas regulatorias diseñadas específicamente para estabilizar las tarifas eléctricas. Estos mecanismos de control permitieron amortiguar el impacto de los costos de generación sobre el consumidor final. Simultáneamente, el mercado internacional aportó condiciones favorables mediante la caída del precio del petróleo, producto de una expansión en la oferta global durante la segunda mitad del año. Esta reducción en el valor del crudo disminuyó los costos de importación de combustibles, beneficiando tanto al transporte como a la generación eléctrica térmica en la región. No obstante, el panorama no estuvo exento de variables de resistencia. El gas natural en Norteamérica presentó un repunte de precios vinculado al aumento de la demanda por factores estacionales y climáticos. A pesar de que este incremento ejerció una presión al alza en los sistemas eléctricos que dependen fuertemente de este recurso, su efecto fue meramente parcial. La influencia de la bajada del petróleo y la solidez de las intervenciones tarifarias estatales prevalecieron, manteniendo la tendencia regional a la baja.

En una perspectiva más amplia, el carbón mineral también mantuvo una trayectoria descendente con periodos de estabilización, contribuyendo a la contención de costos en matrices energéticas con participación térmica. Al observar la evolución histórica, se hace evidente que el índice de inflación energética en la región tiende a desacoplarse de la volatilidad extrema que muestran materias primas como el petróleo o el gas, aunque mantiene una correlación con la tendencia bajista del crudo observada en el cierre de 2025. En definitiva, la estabilidad energética actual se fundamenta en un equilibrio entre la gestión regulatoria interna y el aprovechamiento de un mercado internacional de hidrocarburos con excedentes de oferta.

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https://www.olade.org/publicaciones/enero-2026reporte-n-21-inflacion-energetica-de-america-latina-y-el-caribe-ie-lac/

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