Policy Pathways Beyond the Shoreline: Enhancing Resilience and Innovation in Island Economies

Las economías insulares europeas se caracterizan por una combinación estructural de discontinuidad territorial, escala reducida y fragmentación espacial que condiciona su desempeño productivo, sus costos públicos y su inserción en mercados más amplios. Aunque albergan más de 20 millones de habitantes en Europa, su peso estadístico suele diluirse en clasificaciones territoriales que no capturan adecuadamente la funcionalidad de archipiélagos, las interdependencias con zonas costeras ni las diferencias entre islas metropolitanas y no metropolitanas. Por ello, se propone una tipología híbrida que integra criterios de Eurostat y del sistema territorial de la OCDE, con el fin de mejorar la comparabilidad y la focalización de políticas.

En términos socioeconómicos, el periodo 2001-2021 muestra una paradoja persistente: crecimiento demográfico acompañado de bajo dinamismo productivo. Mientras la población insular aumentó 9,3%, el PIB apenas creció 5% y la productividad laboral cayó 6%. En contraste, regiones costeras no metropolitanas y otras regiones europeas registraron avances superiores tanto en PIB como en productividad. En consecuencia, el PIB per cápita insular descendió de aproximadamente USD 28 000 a USD 26 000, ampliando brechas relativas. Este comportamiento se vincula con estructuras sectoriales concentradas en comercio, servicios y administración pública, así como con la reducción del peso de manufactura y agricultura. Además, la estructura empresarial evidencia limitaciones de escala. Cerca del 60% de las firmas corresponden a autoempleo y solo 3,8% superan los diez empleados. Aunque estas últimas concentran una proporción significativa del empleo, su escasa presencia restringe procesos de innovación y diversificación. De forma paralela, el empleo ha crecido principalmente en actividades de menor valor agregado, lo que explica la divergencia entre aumento de puestos de trabajo y estancamiento productivo.

A estos factores se suma el denominado “costo de la insularidad”. Los estudios de caso en Croacia, Grecia y Suecia muestran sobrecostos sustanciales en transporte, provisión de servicios públicos y vivienda. En ciertas rutas suecas, los costos de viaje pueden triplicar los de municipios continentales comparables. En Croacia, el gasto municipal per cápita en islas supera ampliamente el promedio continental, particularmente en salud y vivienda. Asimismo, en determinados municipios insulares suecos los precios inmobiliarios se sitúan entre 75% y 130% por encima de sus equivalentes continentales. Tales diferenciales combinan factores geográficos —distancia, baja densidad, fragmentación— con variables institucionales vinculadas a eficiencia administrativa y competencia de mercado. Sin embargo, la insularidad no implica únicamente restricción. Las islas constituyen espacios idóneos para ensayar transiciones verdes, azules y digitales. Su escala acotada facilita la implementación integrada de energías renovables, movilidad eléctrica y sistemas circulares de agua y residuos. Iniciativas como la transición energética en Gotland o los proyectos piloto en Astypalea evidencian el potencial de estos territorios como laboratorios regulatorios y tecnológicos. En el ámbito productivo, modelos cooperativos inspirados en Trentino ilustran cómo superar restricciones de escala mediante integración vertical y asociatividad.

El análisis comparado también revela la relevancia de la gobernanza multinivel. En Croacia, la Ley de Islas y planes específicos han fortalecido la coherencia estratégica; en Grecia, el reconocimiento constitucional de la insularidad ha permitido instrumentos diferenciados; en Suecia, la descentralización y la coordinación regional han facilitado respuestas adaptativas. Aun así, persisten desafíos comunes: fragmentación institucional, capacidad administrativa limitada y escasa visibilidad estadística. La evidencia apunta hacia un cambio de enfoque. Más que esquemas compensatorios permanentes, se requiere una política territorial basada en productividad, diversificación sectorial, inversión en capital humano y sistemas de datos robustos. La integración de criterios de insularidad en marcos fiscales, de cohesión y de evaluación de impacto permitiría transformar vulnerabilidades estructurales en ventajas estratégicas. Bajo este paradigma, las islas dejan de concebirse como periferias dependientes y pasan a posicionarse como nodos de innovación resiliente dentro de la arquitectura regional europea.

Para leer más ingrese a:

https://www.oecd.org/en/publications/policy-pathways-beyond-the-shoreline_1aedeacb-en.html

https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/02/policy-pathways-beyond-the-shoreline_44bf6356/1aedeacb-en.pdf

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