Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • Chief Economists Outlook: May 2024

    Chief Economists Outlook: May 2024

     Este informe trimestral se basa en las últimas investigaciones sobre el desarrollo de políticas, así como en consultas y encuestas con destacados economistas jefe de los sectores público y privado, organizadas por el Centro para la Nueva Economía y la Sociedad del Foro Económico Mundial. Su objetivo es resumir los contornos emergentes del entorno económico actual e identificar las prioridades para la acción futura por parte de los responsables políticos y los líderes empresariales en respuesta a las perturbaciones agravadas que sufren la economía mundial a causa de los acontecimientos geoeconómicos y geopolíticos. El informe Perspectivas de los Economistas Jefe de mayo de 2024 se publica en un clima de prudente optimismo sobre la economía mundial. La incertidumbre persiste, pero los signos de mejora se reflejan en la última encuesta, con una fuerte caída en el porcentaje de economistas jefe que esperan que las condiciones mundiales se debiliten este año, del 56% en enero al 17%. Hay casi unanimidad entre los encuestados (97%) en que la geopolítica será una fuente de volatilidad económica mundial en lo que queda de 2024. Con casi la mitad de la población mundial acudiendo a las urnas este año, una gran mayoría (83%) también espera que la política nacional sea una fuente de volatilidad. Los economistas jefe son más optimistas sobre el probable impacto a corto plazo de los rápidos avances tecnológicos, con más de dos tercios en contra de la idea de que la inteligencia artificial (IA) cause volatilidad este año. Por regiones, las perspectivas de crecimiento de los economistas jefe se han vuelto más optimistas, aunque siguen siendo desiguales. El repunte más notable se espera en EE.UU., donde el porcentaje de encuestados que espera un crecimiento moderado o más fuerte en 2024 aumenta hasta el 97% desde el 59% de enero. La encuesta apunta a una actividad boyante en las economías de Asia, con todos los encuestados esperando un crecimiento al menos moderado en Asia Meridional y Asia Oriental y el Pacífico. China sigue siendo una excepción en Asia, donde cerca de tres cuartas partes esperan un crecimiento moderado, frente al 69% de enero. En Europa, las perspectivas se mantienen prácticamente sin cambios desde la edición anterior, y casi siete de cada 10 siguen previendo un débil crecimiento este año. En el resto del mundo, se espera un crecimiento moderado, con una ligera mejora desde la última edición. Las expectativas de inflación siguen convergiendo hacia unas perspectivas moderadas en la mayoría de las regiones. Esto se debe, en parte, al optimismo sobre la situación de las cadenas de suministro mundiales, aunque, por otra parte, las expectativas de una relajación de las condiciones del mercado laboral se han debilitado desde enero. Los encuestados esperan que la política monetaria esté menos sincronizada en lo que queda de 2024, con signos de relajación en algunas regiones. En la mayoría de las regiones se espera que la política fiscal se mantenga sin cambios. La última encuesta se centra en los crecientes retos a los que se enfrentan las empresas y los responsables políticos. 

    Casi cuatro quintas partes (79%) de los economistas jefe afirmaron que el aumento de la complejidad es un reto cada vez mayor para los responsables de la toma de decisiones, mientras que un porcentaje aún mayor (86%) dijo lo mismo de las tensiones entre la dinámica política y la económica. Cuando se les preguntó por los factores que se espera impulsen la toma de decisiones empresariales este año, los factores económicos básicos ocuparon un lugar destacado en las respuestas, incluida la salud general de la economía mundial (100%), la política monetaria (86%), los mercados financieros (86%) y las condiciones del mercado laboral (79%). Una gran mayoría citó factores geopolíticos (86%) y políticos nacionales (71%). Casi el doble de economistas jefe (73%) destacan el papel de los objetivos de crecimiento de las empresas en la toma de decisiones en comparación con sus objetivos medioambientales y sociales (37%). En cuanto a las perspectivas a largo plazo de la economía mundial, los resultados revelan un mayor optimismo: casi siete de cada diez encuestados esperan que el crecimiento mundial vuelva al 4% en los próximos cinco años, y el 42% en los próximos tres años. Los economistas jefe son inequívocos a la hora de esperar que la transformación tecnológica, la IA y la transición ecológica y energética sean los motores del crecimiento en las economías de renta alta en los próximos cinco años, con opiniones más divididas en cuanto al impacto en las economías de renta baja. Por el contrario, se espera que la geopolítica, la política nacional, los niveles de deuda, el cambio climático y la polarización social tengan un impacto negativo sobre el crecimiento tanto en las economías de renta alta como en las de renta baja. Cuando se les preguntó por las políticas que probablemente sean más eficaces para impulsar el crecimiento en los próximos cinco años, los encuestados destacaron la innovación, el desarrollo de infraestructuras, la mejora de la educación y las cualificaciones, y una política monetaria más flexible como las más prometedoras en general. En otros ámbitos políticos, como las instituciones, los servicios sociales y el acceso a la financiación, un porcentaje notablemente mayor de encuestados los considera motores eficaces del crecimiento para las economías de renta baja que para las de renta alta. Los resultados también muestran una falta de consenso sobre cómo la política medioambiental y la política industrial pueden afectar al crecimiento. El clima económico es de prudente optimismo. Los signos de recuperación del sector manufacturero, junto con la mejora de la confianza de las empresas y los hogares, han reforzado la opinión de que los riesgos más graves para las perspectivas a corto plazo han empezado a estabilizarse. Sin embargo, estas mejoras se producen en un contexto de elevada incertidumbre, en particular debido a las divergencias y desavenencias económicas y geopolíticas mundiales. 

    En sucesivas encuestas, los economistas jefe han llamado la atención sobre la geopolítica, la política interior y los rápidos avances tecnológicos como algunos de los acontecimientos mundiales más importantes que afectan a la economía. En un año en el que casi la mitad de la población mundial acudirá a las urnas, los economistas jefe también destacan la creciente importancia económica de las consideraciones políticas internas, que, según el 83%, serán una fuente de volatilidad este año. En cambio, en lo que respecta a la inteligencia artificial (IA), existe un fuerte consenso en que no será una fuente de volatilidad este año y, como se comenta más adelante, los economistas jefe también esperan que la IA sea un motor de crecimiento de la economía mundial. La expectativa de los economistas jefe de unas condiciones globales más fuertes está sujeta a variaciones regionales significativas. Esto coincide con el último análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI), que mejora la previsión de crecimiento mundial para 2024 en 0,1 puntos porcentuales, hasta el 3,2%, pero también señala divergencias regionales cada vez mayores. La mejora más notable registrada en la última encuesta se da en las perspectivas para Estados Unidos. Los economistas jefe son casi unánimes (97%) a la hora de esperar un crecimiento al menos moderado en 2024, lo que supone un notable aumento del optimismo en comparación con el 59% registrado en enero. Además, este repunte se debe al aumento del porcentaje de encuestados que esperan un crecimiento fuerte o muy fuerte este año, del 3% al 45%. La mejora de las perspectivas está en consonancia con la publicación de datos alentadores en los primeros meses de 2024. Dicho esto, la renovada preocupación por la inflación, así como los factores geopolíticos y políticos internos interrelacionados, pueden lastrar las perspectivas en lo que queda de 2024. En Europa, la actividad económica sigue siendo mediocre. Esta es la sexta edición consecutiva de Perspectivas de los Economistas Jefe en la que Europa registra las perspectivas regionales más débiles. En parte, esto refleja las crecientes presiones económicas y geopolíticas a corto plazo, pero también es un factor de los retos estructurales que probablemente pesarán sobre la región en los próximos años, incluida una prolongada ralentización del sector manufacturero, el envejecimiento de la población y los crecientes signos de tensión fiscal.

    El informe proporciona un análisis detallado del panorama económico global actual y las perspectivas a corto y largo plazo, basado en encuestas y consultas con economistas jefes de diversos sectores. El informe se lanza en un clima de optimismo cauteloso sobre la economía global. Aunque persiste la incertidumbre, la proporción de economistas que esperan un debilitamiento de las condiciones globales ha caído significativamente desde enero, reflejando signos de mejora en el entorno económico global. Las expectativas de crecimiento varían significativamente por región. Se espera un aumento notable en el crecimiento en Estados Unidos, con un 97% de los encuestados anticipando un crecimiento moderado o más fuerte. En Asia, se prevé una actividad económica robusta, especialmente en el sur de Asia. Sin embargo, China presenta una excepción con expectativas de crecimiento más moderadas debido a preocupaciones sobre el consumo y el mercado inmobiliario. En Europa, las perspectivas siguen siendo débiles debido a presiones económicas y geopolíticas a corto plazo y desafíos estructurales a largo plazo. El informe destaca los crecientes desafíos para las empresas y los formuladores de políticas, incluyendo la complejidad creciente y las tensiones entre las dinámicas políticas y económicas. Entre los factores que se espera impulsen la toma de decisiones corporativas este año, destacan la salud general de la economía global, la política monetaria y los mercados financieros. Además, se anticipa que la transformación tecnológica y la transición energética serán impulsores clave del crecimiento en las economías de altos ingresos en los próximos cinco años. Las expectativas de inflación muestran una convergencia hacia una perspectiva moderada en la mayoría de las regiones, impulsada por el optimismo sobre las cadenas de suministro globales. No obstante, las condiciones del mercado laboral y los factores regionales específicos continúan influyendo en las expectativas inflacionarias. En particular, los economistas esperan una inflación moderada en Estados Unidos y Europa, pero niveles más altos en economías emergentes y en desarrollo. A largo plazo, casi el 70% de los economistas encuestados esperan que el crecimiento global regrese al 4% dentro de los próximos cinco años. Sin embargo, los desafíos como la geopolítica, la política interna, los niveles de deuda, el cambio climático y la polarización social se identifican como posibles frenos al crecimiento tanto en economías de altos como de bajos ingresos. En conclusión, el informe sugiere una necesidad urgente de acción coordinada para abordar los desafíos económicos y aprovechar las oportunidades de crecimiento en un entorno global cada vez más complejo y volátil.  

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  • Climate Change and Sovereign Risk: A Regional Analysis for the Caribbean

    Climate Change and Sovereign Risk: A Regional Analysis for the Caribbean

    El cambio climático es una amenaza existencial para la economía mundial, con una dinámica compleja, evolutiva y no lineal que sigue siendo fuente de gran incertidumbre. Existe una abundante literatura sobre el impacto económico del cambio climático, pero la investigación sobre cómo el cambio climático afecta a los riesgos soberanos es limitada. Este documento ofrece un análisis regional prospectivo de los efectos del cambio climático sobre la solvencia soberana, la probabilidad de impago y el costo de los préstamos para las economías del Caribe. Los resultados indican que existe una variación sustancial en la sensibilidad de las calificaciones al cambio climático en toda la región, lo que se debe a la naturaleza no lineal de las calificaciones. Las conclusiones mejoran la identificación y gestión del riesgo climático soberano y proporcionan una evaluación prospectiva de cómo el cambio climático podría afectar al costo de acceso a la financiación internacional. Como tal, conduce a un conjunto de opciones políticas para los países de la región. El cambio climático es una amenaza existencial para la economía mundial, con una dinámica compleja, evolutiva y no lineal que sigue siendo fuente de gran incertidumbre. Existe una abundante literatura sobre el impacto económico del cambio climático, pero la investigación sobre cómo el cambio climático afecta a los riesgos soberanos es limitada. Este documento ofrece un análisis regional a medida de los efectos del cambio climático sobre la solvencia soberana, las calificaciones crediticias, la probabilidad de impago y el costo del endeudamiento de los siguientes países: Bahamas, Barbados, Guyana, Jamaica, Surinam y Trinidad y Tobago. Este estudio puede mejorar la identificación y gestión del riesgo climático soberano y proporciona una evaluación prospectiva de cómo el cambio climático podría afectar al costo de acceso a la financiación internacional. Como tal, conduce a un conjunto de opciones políticas para los países de la región. A medida que los impactos físicos y relacionados con la transición del cambio climático se hacen cada vez más urgentes, crece el interés de las políticas por comprender cómo se traducen en riesgos macroeconómicos y financieros. A escala mundial, los bancos centrales han creado la Red para la Ecologización del Sistema Financiero, y los líderes empresariales han establecido Grupos de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera Relacionada con el Clima y la Naturaleza (TCFD y TNFD, respectivamente). El entusiasmo por «ecologizar el sistema financiero» es bienvenido, pero sigue existiendo el reto fundamental de trasladar la ciencia climática a los riesgos financieros del mundo real. Como resultado, los mercados financieros, los reguladores y los responsables políticos suelen valorar mal el riesgo climático, gestionarlo mal o ignorarlo por completo. Además, la Iniciativa de Bridgetown, liderada por el Gobierno de Barbados, busca reformar las finanzas y el comercio rediseñando la Arquitectura Financiera Internacional, proponiendo la creación de nuevos instrumentos que permitan la acción de resiliencia climática y la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), al tiempo que se aceleran las inversiones del sector privado. Por ejemplo, promueve la inclusión de «cláusulas huracán», que han demostrado ser un alivio y han sido consideradas por el BID. 

    La Plataforma Regional de Cambio Climático de los Ministerios de Economía y Finanzas de América Latina y el Caribe apoya a los ministerios de finanzas a alinear las finanzas públicas con los objetivos climáticos. Establecida por el Banco Interamericano de Desarrollo en 2022, la Plataforma facilita el intercambio de conocimientos, la coordinación, el diálogo sobre las mejores prácticas y la experiencia para apoyar la búsqueda del crecimiento sostenible y la sostenibilidad fiscal en toda la región. Las investigaciones muestran que, para 2030, el cambio de las temperaturas podría empujar a 3 millones de personas al año a la pobreza extrema en América Latina y el Caribe. Pero también muestra que para 2030 una transición verde podría crear 15 millones de nuevos puestos de trabajo netos en áreas como la producción de alimentos de origen vegetal, las energías renovables y la construcción. En su calidad de Secretario Técnico de la Plataforma, el BID ayuda a los países a sortear estos riesgos y oportunidades. Las consecuencias podrían ser especialmente graves para la región del Caribe, caracterizada por una extrema vulnerabilidad, tanto a los impactos físicos del cambio climático como a las consecuencias económicas de la transición hacia una economía baja en carbono. Los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) y los Estados costeros del Caribe están muy expuestos a las tormentas, el aumento del nivel del mar, las temperaturas extremas, la pérdida de especies y el estrés hídrico, con efectos directos en industrias clave como el turismo, la agricultura y la pesca. Se prevé que la superficie de tierras cultivadas disminuya debido al aumento de las temperaturas y a la pluviosidad cada vez más variable. El cambio climático ya está afectando a las economías caribeñas. De los 511 desastres naturales que afectaron a los Estados con una población inferior a 1,5 millones de habitantes en todo el mundo desde 1950, 324 se produjeron en el Caribe. Más del 27% de la población del Caribe vive en zonas costeras, con un 6-8% clasificado como de riesgo alto o muy alto. Se estima que 22 millones de personas en el Caribe viven por debajo de los 6 metros de altitud. La Evaluación Climática Nacional de Estados Unidos encontró que las pérdidas económicas sufridas por la región del Caribe debido a huracanes como Irma y María en 2017 alcanzaron entre 27 y 48 mil millones de dólares y tienen consecuencias a largo plazo para los presupuestos estatales y la infraestructura de apoyo a los más desfavorecidos. Las catástrofes naturales han costado solo a Jamaica unos 1.200 millones de dólares entre 2001 y 2010, y el huracán Iván costó 350 millones de dólares. Las pérdidas anuales por catástrofes climáticas en el Caribe se estiman en 3.000 millones de dólares y se espera que aumenten a medida que se intensifique el cambio climático. El IPPC señala que incluso en un escenario de temperatura global de 1,5C, «la reducción de la habitabilidad de las islas pequeñas es un riesgo significativo general». La región tendrá que diversificar su base impositiva para compensar la caída de los ingresos procedentes de la producción y el consumo de combustibles fósiles. 

    En la actualidad, los impuestos sobre la producción y el consumo de combustibles fósiles generan importantes ingresos para los gobiernos de la región. Por ejemplo, en Barbados, se calcula que los impuestos sobre los productos derivados del petróleo generarán alrededor del 2,4% de los ingresos totales para el ejercicio fiscal 2022/23. Aunque los impuestos sobre el combustible y el carbono pueden generar ingresos a corto plazo, cabe esperar que disminuyan a lo largo de la transición a medida que las economías vayan abandonando los combustibles fósiles. Por ejemplo, con el objetivo de reducir los combustibles fósiles en un 49%, Barbados aspira a la electrificación del 100% de todos los autobuses y la flota de vehículos públicos para 2030. El paso a los vehículos eléctricos reducirá los ingresos procedentes de los impuestos sobre los combustibles, con repercusiones directas en los ministerios de finanzas. Aunque la reducción de las importaciones de petróleo mejorará la balanza por cuenta corriente y las reservas de divisas, los impuestos sobre la venta de combustible constituyen una importante fuente de ingresos que desaparecerá una vez alcanzado el objetivo. Como las energías renovables compiten cada vez más en precio con los combustibles fósiles, los ministerios de finanzas que no planifiquen esta transición se encontrarán con un agujero fiscal. El Caribe también se enfrenta a importantes riesgos relacionados con la transición, sobre todo en torno a los precios de la energía y el turismo. La subida mundial de los precios de la energía desde la pandemia de Covid-19, exacerbada por la guerra de Rusia en Ucrania, ha tenido diversas repercusiones en el Caribe. Guyana, Trinidad y Tobago y Surinam se han beneficiado de la subida de los precios del petróleo y el gas, mientras que Bahamas, Barbados y Jamaica han sufrido las consecuencias. Además, pueden esperarse efectos indirectos a medida que el endurecimiento de las normativas sobre el carbono en el extranjero haga subir los precios de los vuelos, lo que repercutirá en los ingresos del turismo. En este contexto, una estrategia de transición justa es inflexible a la hora de minimizar y abordar los impactos en diferentes ámbitos como los mercados laborales, el trabajo, la agricultura resiliente y la equidad social, entre otros, para proteger los medios de vida. Las estrategias de descarbonización en el Caribe requieren una gestión sensible de un cambio drástico, y tendrán que incluir la participación activa de las partes interesadas, el desarrollo de capacidades innovadoras y una reforma de las redes de seguridad existentes.

     

    El informe examina cómo el cambio climático afecta el riesgo soberano y la economía de los países del Caribe. A través de modelos econométricos y simulaciones, el estudio aborda tanto los costos físicos directos del cambio climático como los riesgos de transición asociados a la descarbonización de la economía. El análisis se centra en cómo las desviaciones persistentes de las variables climáticas (temperatura y precipitación) de sus normas históricas afectan el crecimiento del PIB per cápita. Se proyecta que, sin políticas de mitigación, estos cambios climáticos reducirán el producto mundial bruto en aproximadamente un 7% para el año 2100, con pérdidas distribuidas de manera desigual entre los países. Incorporando la volatilidad de la temperatura, las pérdidas globales podrían aumentar hasta un 13% del producto mundial bruto . El informe también destaca varios impactos críticos para las economías caribeñas. Primero, subraya la importancia de los avances globales en mitigación, ya que muchas economías de la región dependen del turismo y la agricultura, sectores vulnerables a los riesgos físicos y de transición del cambio climático. Los eventos climáticos extremos pueden perjudicar la infraestructura, la productividad laboral y la demanda global de bienes y servicios. Segundo, señala que los costos de endeudamiento podrían aumentar debido a una disminución en la calificación crediticia soberana y una mayor percepción de riesgo por parte de los inversores. Esto podría limitar la capacidad de los gobiernos para invertir en adaptación y resiliencia . Adicionalmente, el estudio indica que la transición hacia una economía baja en carbono presenta tanto oportunidades como riesgos. Mientras que la reducción de emisiones y la mejora de la calidad del aire benefician la salud humana y la productividad laboral, la disminución de los ingresos fiscales provenientes de los combustibles fósiles plantea desafíos significativos. Por lo tanto, los países deben equilibrar cuidadosamente sus estrategias de diversificación económica y adaptación al cambio climático . En conclusión, el informe proporciona una base detallada para que los responsables de las políticas económicas en el Caribe comprendan y gestionen los riesgos soberanos derivados del cambio climático. Destaca la necesidad de una acción coordinada y sostenida tanto a nivel regional como global para mitigar estos riesgos y apoyar la resiliencia económica de la región.   

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  • Lowering Businesses’ Carbon Footprint: Adoption of Eco-efficiency Indicators in Colombia and Peru

    Lowering Businesses’ Carbon Footprint: Adoption of Eco-efficiency Indicators in Colombia and Peru

    Este documento ofrece una guía para llevar a cabo intervenciones basadas en el comportamiento con el fin de reducir la huella de carbono de las empresas. Se basa en las conclusiones de un estudio piloto realizado en la industria textil de Colombia y en la industria del plástico de Perú. El estudio aborda la necesidad crítica de que las empresas se adapten a los retos que plantean el cambio climático y los riesgos de transición, como el Mecanismo de Ajuste Fronterizo del Carbono (CBAM) de la Unión Europea, que exige importantes adaptaciones por parte de las empresas de América Latina y el Caribe para seguir siendo competitivas. Un componente clave de este estudio fue el desarrollo y la puesta a prueba de la «Herramienta Verde», diseñada para ayudar a las empresas a adoptar indicadores de ecoeficiencia (IEE), que pueden utilizarse como insumo para calcular y reducir la huella de carbono de las empresas. Para el éxito de la intervención fue fundamental una fase de diagnóstico preliminar que identificó las barreras conductuales específicas que obstaculizaban la reducción de la huella de carbono, incluidos los prejuicios actuales y las normas sociales imperantes. Al combinar una estrategia de comunicación basada en el comportamiento con la tutoría, la intervención mejoró la adopción de IEE entre las empresas del grupo de tratamiento en comparación con las del grupo de control. Este estudio piloto pone de relieve el papel esencial de las intervenciones específicas, la tutoría y la aplicación estratégica de herramientas conductuales para fomentar prácticas sostenibles en el sector empresarial. Además, esta guía demuestra la eficacia de las intervenciones conductuales para apoyar a las empresas en su transición hacia una menor huella de carbono, mostrando un camino a seguir en el esfuerzo global para combatir el cambio climático. Las condiciones meteorológicas extremas y los impactos del cambio climático, de importancia mundial, están afectando directamente a América Latina y el Caribe (ALC). Los efectos incluyen el retroceso de los glaciares, el aumento del nivel del mar y una mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, todo lo cual plantea amenazas para los ecosistemas y las poblaciones regionales. Junto a estos riesgos físicos, los riesgos de transición -asociados al avance hacia una economía baja en carbono- incluyen cambios en las políticas, los precios de mercado y las innovaciones tecnológicas. Esta situación está provocando un cambio en la dinámica del mercado, que exige que las empresas adapten su comportamiento a la luz de los riesgos políticos y jurídicos, que dependen de la normativa gubernamental, y de los riesgos de mercado y de reputación, que dependen de las preferencias de los inversores y los consumidores por la sostenibilidad medioambiental. Por ejemplo, en Europa está creciendo la demanda de prácticas sostenibles, tecnologías limpias y soluciones ecológicas en los productos de consumo. El Mecanismo de Ajuste en la Frontera del Carbono (CBAM), adoptado por la Unión Europea (UE), es una de las políticas que plantea un riesgo de transición para las empresas de ALC. Impone impuestos a las importaciones en función de su huella de carbono. 

    En la práctica, el CBAM obligará a los sectores afectados a (1) estimar la huella de carbono de su producto y (2) pagar una multa si el producto está asociado a más emisiones de carbono que un producto equivalente fabricado en Europa o (3) modificar su producción para reducir el nivel de emisiones. Esto se traducirá en un aumento del costo de producción de los productos de ALC para las exportaciones de la UE, con posibles consecuencias para el empleo y el bienestar. Este proyecto pretende anticiparse a los cambios de la CBAM y ayudar a las empresas a adaptar su comportamiento para minimizar este riesgo de transición. Se ha desarrollado la Herramienta Verde (Eco-Herramienta) para guiar a las empresas en la creación y seguimiento de indicadores de ecoeficiencia (en adelante IEE). La ecoeficiencia se refiere a la producción de más bienes y servicios utilizando menos recursos y generando menos residuos y contaminación. A menudo se mide a través de indicadores que evalúan la relación entre el valor del producto o servicio y el impacto medioambiental, centrándose en factores como el consumo de energía, materiales o agua y las emisiones de gases de efecto invernadero, aguas residuales y emisiones contaminantes. La Herramienta Verde es una hoja de cálculo que ayuda a identificar hasta cuatro indicadores utilizando el nivel de consumo de recursos y el número de trabajadores para medir el costo medioambiental y el desempeño económico. Estas medidas estandarizadas ayudan a las empresas a hacer un seguimiento de su impacto ambiental y sirven como insumos para medir su huella de carbono mediante el registro de información sobre su consumo de electricidad y agua y la generación de residuos. Este informe presenta un experimento de campo basado en los conocimientos de las ciencias del comportamiento para ayudar a las empresas a iniciar el camino hacia la reducción de su huella de carbono. En la intervención participaron 155 micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) de la industria textil de Colombia y de la industria del plástico de Perú. Se llevó a cabo durante 20 semanas tras un diagnóstico que permitió identificar las barreras estructurales y de comportamiento que impiden a las MIPYMES reducir su huella de carbono. Se encuestó a las mipymes participantes en el experimento en la línea de base y en la línea final para medir sus conocimientos, percepciones e intenciones de reducir su huella de carbono. La intervención combinó una estrategia de comunicación orientada al comportamiento con tutorías para que las mipymes aprendieran a utilizar la Herramienta Verde. Este documento ofrece una guía para la realización de un diagnóstico y el diseño de un proyecto que ayude a las empresas a dar los primeros pasos para reducir su huella de carbono. Los ejemplos de las industrias textil de Colombia y del plástico de Perú pueden ser informativos para otras empresas de otros sectores integradas en las cadenas de valor mundiales que deben mitigar diversos riesgos de transición para seguir siendo competitivas en el mercado mundial. Comprender el contexto es fundamental para definir correctamente un problema. Por lo tanto, las características y el entorno político de la industria del plástico en Perú y de la industria textil en Colombia se delinean como primer paso del proyecto. 

    Lo más importante es que esto permite comprender mejor la estructura de la industria e identificar el objetivo de la intervención. A continuación se presenta el contexto institucional de cada sector. La fase de diagnóstico del proyecto se llevó a cabo entre julio y septiembre de 2022. El objetivo de esta fase era comprender las barreras de comportamiento a las que se enfrentan las mipymes para reducir su huella de carbono. El proceso consistió en una investigación de antecedentes, seguida de la formulación de una lista de hipótesis que posteriormente fueron puestas a prueba con entrevistas estructuradas a 10 empresas en Colombia y 11 en Perú. Las siguientes secciones presentan los resultados de cada paso del diagnóstico. La reducción de la huella de carbono de una empresa es un proceso que puede durar varios años. Incluso la mera medición de la huella de carbono puede llevar hasta un año. Esta tarea puede ser costosa, porque las empresas suelen carecer de los recursos internos necesarios para tales cálculos. En consecuencia, a menudo requieren los servicios de una empresa especializada. Considerando la reducción de la huella de carbono de las mipymes como un viaje, este diseño se centra en el paso inicial: la adopción de Indicadores de Ecoeficiencia (IEE) para comenzar la medición de la huella de carbono de las empresas. Los enfoques desarrollados en las ciencias del comportamiento pueden ayudar a las empresas de los sectores textil y del plástico a tomar medidas para iniciar su viaje hacia la reducción de su huella de carbono. Al simplificar el registro de información esencial relacionada con las emisiones de gases de efecto invernadero y el impacto ambiental, la Herramienta Verde facilita a las empresas la adopción de prácticas sostenibles. La Herramienta Verde ayuda a las mipymes a establecer IEE y hacer un seguimiento mensual de las mismas, lo que proporciona información valiosa para medir la huella de carbono e identificar posibles mejoras empresariales. Por ejemplo, un empresario que dirija una de las empresas de la muestra podría notar un aumento en la factura de la luz en comparación con el mes anterior. Esto puede indicar una subida de precios, pero también puede indicar un mayor consumo de electricidad, por lo que el aumento por sí solo no es lo suficientemente informativo como para conducir a una estrategia procesable. Sin embargo, una vez establecido un IEE, la medición de, por ejemplo, la electricidad consumida ponderada por el volumen de ventas aclara a la empresa si el cambio en el consumo se debe a un problema o a un aumento de la actividad, dado que esto último no afectaría al IEE.

     

    El informe presenta una guía para la implementación de intervenciones informadas por el comportamiento para reducir la huella de carbono de las empresas. El estudio se centra en la necesidad crítica de que las empresas en Colombia y Perú se adapten a los desafíos del cambio climático y los riesgos de transición, como el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) de la Unión Europea. Este mecanismo impone impuestos a las importaciones basados en su huella de carbono, lo que obliga a las empresas de América Latina y el Caribe a realizar adaptaciones significativas para mantenerse competitivas. Para abordar esta necesidad, el estudio desarrolló y probó la «Herramienta Verde» diseñada para ayudar a las empresas a adoptar indicadores de eco-eficiencia (IEE), que se pueden utilizar para calcular y reducir la huella de carbono de las empresas. La intervención se llevó a cabo con 155 micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) en la industria textil de Colombia y la industria plástica de Perú durante 20 semanas. El diagnóstico identificó barreras estructurales y de comportamiento que impiden a las MIPYMES reducir su huella de carbono. La intervención combinó una estrategia de comunicación informada por el comportamiento con mentorías sobre el uso de la Herramienta Verde. Se realizaron encuestas a las MIPYMES participantes al inicio y al final del experimento para medir sus conocimientos, percepciones e intenciones de reducir su huella de carbono. El estudio siguió la metodología del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para la economía del comportamiento, que comprende cuatro etapas: definir, diagnosticar, diseñar y probar. La etapa de definición involucra la identificación de un problema específico dentro de una población y la población objetivo deseada. La etapa de diagnóstico ayuda a identificar las barreras de comportamiento subyacentes que causan este problema y desarrolla estrategias dirigidas para alterar los comportamientos individuales. Las intervenciones son luego probadas para validar la efectividad de estas estrategias a través de intervenciones de campo. La intervención incluyó una fase de diagnóstico preliminar que identificó las barreras de comportamiento específicas que dificultan la reducción de la huella de carbono, como el sesgo del presente y las normas sociales prevalecientes. Este estudio piloto destaca el papel esencial de las intervenciones dirigidas, la mentoría y la aplicación estratégica de herramientas de comportamiento para fomentar prácticas sostenibles en el sector empresarial. El informe concluye que las intervenciones informadas por el comportamiento son efectivas para apoyar a las empresas en su transición hacia una menor huella de carbono. Este enfoque muestra un camino a seguir en el esfuerzo global para combatir el cambio climático, destacando la importancia de la mentoría y las herramientas estratégicas para fomentar prácticas sostenibles en el sector empresarial.  

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  • The New Collective Quantified Goal on climate finance

    The New Collective Quantified Goal on climate finance

     En la COP21 de la CMNUCC, celebrada en 2015, las Partes decidieron que antes de 2025 se fijaría un Nuevo Objetivo Cuantificado Colectivo (NCQG, por sus siglas en inglés) sobre financiación de la lucha contra el cambio climático, a partir de un mínimo de 100 000 millones de USD anuales, teniendo en cuenta las necesidades y prioridades de los países en desarrollo. El programa de trabajo ad hoc sobre el NCQG comenzó a principios de 2022 y concluirá en 2024. En este contexto, el presente documento presenta conclusiones clave que pueden contribuir a informar los últimos meses de los debates internacionales relativos al NCQG. En primer lugar, el documento hace un balance de los datos disponibles, destacando que la acción por el clima en los países en desarrollo requiere niveles significativos de financiación que pueden obtenerse de una amplia y complementaria gama de fuentes existentes y potenciales. En segundo lugar, el documento estudia la forma en que el NCQG podría recoger diversos elementos individuales, agrupados en tres grupos: financiación pública internacional, financiación privada y esfuerzos nacionales. Sin adelantarse a la futura estructura del NCQG, el debate de este documento ilustra cómo reflejar potencialmente tanto la importancia de la financiación pública internacional como la necesidad de aumentar la financiación privada, reconociendo al mismo tiempo que la magnitud y la eficacia de dicha financiación dependen de los contextos nacionales y de las acciones de todas las Partes. En tercer lugar, el documento explora cuestiones relacionadas con el seguimiento y la evaluación de los avances hacia el futuro objetivo. Éstas indican que, si bien algunos elementos pueden seguirse en términos monetarios, otros requerirían otro tipo de indicadores cuantificados o información cualitativa. Estas consideraciones también ponen de relieve que, aunque los datos y la información procedentes del Marco de Transparencia Mejorada del Acuerdo de París serán fundamentales, se necesitarán otras fuentes para que dichas evaluaciones de progreso sean lo más exhaustivas y pertinentes para las políticas como sea posible. En la 21ª Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), celebrada en 2015, las Partes decidieron establecer un Nuevo Objetivo Cuantificado Colectivo (NCQG) sobre financiación climática, a partir de un mínimo de 100 000 millones de USD anuales, teniendo en cuenta las necesidades y prioridades de los países en desarrollo. El NCQG debe decidirse antes de finales de 2024. Los debates que comenzaron en 2022 siguen su curso, abordando aspectos críticos del NCQG, como su cuantía potencial, su alcance y su estructura. El contexto en el que se está desarrollando el NCQG ha cambiado considerablemente desde que se fijó el objetivo de 100.000 millones de dólares en 2009. Por un lado, las iniciativas relacionadas con el clima tanto en el sector financiero público como en el privado se han ampliado significativamente, junto con un aumento general de los esfuerzos mundiales por el clima. Por otro lado, los efectos climáticos y la vulnerabilidad a los mismos han aumentado en todas las zonas geográficas, junto con las presiones económicas, como la creciente carga de la deuda en muchos países en desarrollo. Este contexto cambiante hace aún más complejo el proceso de establecer un nuevo objetivo que sea a la vez ambicioso y alcanzable. 

    Para garantizar que el NCQG tiene en cuenta las necesidades y prioridades de los países en desarrollo, es importante comprender las necesidades de financiación para la acción climática y las fuentes de financiación existentes. Determinar las necesidades de financiación de la acción por el clima no es sencillo, y las estimaciones actuales a nivel agregado siguen planteando muchos retos e incertidumbres debido a la diversidad de las metodologías utilizadas y a las limitaciones de los datos. A pesar de estos retos, las estimaciones y proyecciones existentes sugieren que, para 2030, las necesidades medias anuales de financiación de la lucha contra el cambio climático en los países en desarrollo podrían oscilar entre 550 000 y 2 500 000 millones de dólares. La combinación estratégica de diferentes fuentes de financiación es imprescindible para ampliar la financiación de la lucha contra el cambio climático en los países en desarrollo y garantizar su utilización eficiente y eficaz. La financiación pública de la lucha contra el cambio climático es fundamental para las actividades con un alto valor social pero un desempeño financiero directo limitado, como la adaptación y el desarrollo de capacidades, así como para reducir el riesgo de los proyectos y movilizar la financiación privada, que desempeña un papel crucial, especialmente en los sectores y proyectos que pueden generar flujos de ingresos. Financiación diversa. La financiación privada procedente de una amplia gama de instrumentos (subvenciones, deuda, capital, garantías y seguros) y mecanismos de combinación sirve para fines distintos y complementarios. Desde una perspectiva general, las subvenciones pueden apoyar el desarrollo de capacidades y la demostración de proyectos, los préstamos pueden financiar grandes infraestructuras, el capital puede contribuir a la estabilidad de la financiación, y las garantías y los seguros pueden cubrir o reducir diversos tipos de riesgos. A pesar de las crecientes necesidades de financiación para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, las inversiones mundiales rastreadas que apoyan la acción climática promediaron solo 1 265 000 millones USD durante 2021-2022, de los cuales los países en desarrollo representan menos del 20%. Tales estimaciones tienen importantes lagunas de datos, en particular en la financiación pública nacional, las inversiones privadas en sectores como la agricultura y para la adaptación en general. Los datos disponibles indican que los volúmenes globales de inversión destinados a los países menos desarrollados y de renta baja siguen siendo modestos tanto en términos absolutos como relativos, debido en gran parte a las dificultades para acceder a la financiación pública y privada, y a cuestiones relacionadas con el costo del capital. En particular, mientras que el sector privado representa una gran parte de la financiación de la lucha contra el cambio climático en los países de renta alta y en algunos de renta media, es menos frecuente en la financiación de la acción por el clima en la mayoría de los países en desarrollo, y especialmente en los países menos desarrollados. 

    Esto pone de relieve el papel fundamental que desempeña el apoyo internacional continuado a la creación de capacidades locales y el respaldo a políticas nacionales que creen entornos propicios para que el sector privado invierta en soluciones con bajas emisiones de gases de efecto invernadero y resistentes al cambio climático. Dentro de cada grupo, este documento presenta posibles opciones para reflejar elementos específicos en un texto de decisión del NCQG. Dado que en las deliberaciones en curso aún no han convergido las desventajas de las opciones sin prejuzgar el resultado de las negociaciones en curso. Este documento también establece posibles indicadores principales para supervisar el progreso de los posibles elementos dentro de los tres grupos. Estos incluyen indicadores monetarios cuantitativos (financiación pública, financiación privada movilizada), así como métricas cuantitativas y cualitativas no monetarias. El seguimiento de estos diversos indicadores plantea problemas de disponibilidad de datos y transparencia, en particular en lo que respecta a la financiación privada más allá de la movilizada por la financiación pública internacional, así como a los aspectos cualitativos de los esfuerzos nacionales y las repercusiones de las políticas. Además, las deliberaciones del NCQG deben tener en cuenta el objetivo de «reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático en el marco del desarrollo sostenible y de los esfuerzos para erradicar la pobreza, incluso alineando los flujos financieros con una trayectoria hacia bajas emisiones de gases de efecto invernadero y un desarrollo resiliente al clima». Es importante que el NCQG esté diseñado para reflejar la evolución del panorama económico y financiero mundial, reconociendo los cambios significativos que se han producido desde 2009, cuando se fijó inicialmente el objetivo de 100 000 millones USD. Entre ellos se incluyen los rápidos avances de las tecnologías verdes, la expansión del sector de las finanzas verdes, la mejora de la situación socioeconómica de muchos países y una mayor concienciación global sobre los problemas del cambio climático, tal y como se refleja en los compromisos climáticos más firmes de los gobiernos, las empresas y la sociedad civil. Sin embargo, es igualmente importante tener en cuenta los crecientes efectos adversos del cambio climático, así como las crisis económicas y la inestabilidad de la última década, que han influido en la disponibilidad y la dirección de los flujos financieros y han agravado la vulnerabilidad de algunos países. Es importante tener en cuenta este panorama cambiante para garantizar que el NCQG sea adecuado para reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático.

    El informe examina la evolución y el estado actual de la justicia ambiental a nivel global. Este documento se divide en varias secciones que abordan desde la historia y los conceptos clave de la justicia ambiental hasta las prácticas nacionales y los retos en la identificación y tratamiento de preocupaciones ambientales. El informe comienza con una breve historia de la justicia ambiental en diferentes regiones del mundo, incluyendo Norteamérica, Europa, América Latina, Asia-Pacífico y África. Se destacan los pilares conceptuales de la justicia ambiental, que incluyen la justicia distributiva, procedural y de reconocimiento. Estos conceptos son esenciales para entender cómo se distribuyen los beneficios y cargas ambientales, cómo se toma en cuenta la participación de las comunidades afectadas en los procesos de toma de decisiones y cómo se reconoce y respeta la diversidad cultural y social de las comunidades afectadas . A nivel nacional, el informe identifica varias aproximaciones directas e indirectas que los países utilizan para abordar la justicia ambiental. Las aproximaciones directas incluyen políticas y programas específicos diseñados para mitigar los impactos ambientales en comunidades vulnerables, mientras que las indirectas pueden involucrar la integración de preocupaciones de justicia ambiental en políticas más amplias de desarrollo sostenible y planificación urbana . El documento también discute los métodos para identificar y evaluar las preocupaciones de justicia ambiental. Esto incluye el uso de herramientas y mapas de desventajas ambientales, como el mapa de desventaja por inundaciones y la herramienta de evaluación ambiental EJScreen, que ayudan a identificar comunidades y grupos en riesgo. Además, se destacan los desafíos en la evaluación y tratamiento de estas preocupaciones, tales como la falta de datos adecuados y la necesidad de indicadores tanto monetarios como cualitativos para una evaluación completa y relevante . El documento explora cómo el nuevo objetivo cuantificado colectivo (NCQG) podría incorporar diversos elementos individuales agrupados en tres categorías: financiamiento público internacional, financiamiento privado y esfuerzos nacionales. Se discuten las limitaciones y roles de diferentes actores e instrumentos, así como las consideraciones cualitativas que pueden fortalecer aún más la provisión de financiamiento público . Finalmente, el informe aborda las cuestiones relacionadas con el seguimiento y evaluación de los progresos hacia el NCQG. Se reconoce que mientras algunos elementos pueden ser seguidos en términos monetarios, otros requerirán diferentes tipos de indicadores cuantificados o información cualitativa. Además, se subraya la necesidad de diversas fuentes de datos para una evaluación completa y pertinente de los progresos realizados .  

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  • Environmental Justice

    Environmental Justice

    La justicia medioambiental trata de resolver una serie de problemas recurrentes a los que se enfrentan diversas comunidades y grupos. Entre ellos se encuentran la exposición desproporcionada a los peligros medioambientales, el acceso desigual a los servicios medioambientales y la preocupación por las implicaciones desiguales de las políticas medioambientales. Estas preocupaciones pueden verse exacerbadas por la falta de un compromiso significativo y de recursos legales. A medida que los países aumentan sus esfuerzos para hacer frente a la degradación ambiental, la contaminación y el cambio climático, la justicia ambiental es más relevante que nunca, dado que puede arrojar luz sobre cómo garantizar la equidad en los procesos y resultados de la formulación de políticas ambientales. Este informe examina la pluralidad del concepto de justicia ambiental, sus pilares conceptuales subyacentes y cómo ha surgido en diferentes contextos de todo el mundo. También ofrece el primer inventario de políticas sobre la forma en que los gobiernos de la OCDE y de otros países están tratando de resolver los problemas de justicia ambiental, a partir de las 26 respuestas a la Encuesta de la OCDE sobre Justicia Ambiental, así como de un análisis documental complementario en un conjunto más amplio de países. El informe describe las distintas formas en que se persigue la justicia ambiental, ya sea directamente a través de leyes específicas o indirectamente mediante salvaguardias añadidas para las personas más vulnerables. Destacar la variedad de palancas de que disponen los responsables políticos y ejemplificar su aplicación práctica en distintos contextos sirve para informar mejor los esfuerzos presentes y futuros en materia de justicia medioambiental. Al mostrar no sólo los retos comunes y unificadores, sino también los principales enfoques, se refuerzan los argumentos a favor del aprendizaje mutuo entre países. Con este fin, se espera que las ideas y prácticas ofrecidas en este informe impulsen los avances en materia de justicia medioambiental en todos los países de la OCDE y más allá. A medida que los países aumentan sus esfuerzos para hacer frente a la degradación ambiental, la contaminación y el cambio climático, el concepto de justicia ambiental puede arrojar luz sobre cómo garantizar la equidad en los procesos y resultados de la formulación de políticas ambientales. Este informe examina la pluralidad del concepto de justicia ambiental, sus pilares conceptuales subyacentes y cómo ha surgido en diferentes contextos de todo el mundo. El informe también ofrece el primer balance político de cómo los gobiernos de la OCDE y de otros países están tratando de corregir los problemas de justicia ambiental, basándose en las respuestas a una encuesta de la OCDE sobre justicia ambiental, así como en un análisis documental complementario en un conjunto más amplio de países. Aunque no existe una definición universal de justicia ambiental, ésta trata de resolver una serie de problemas recurrentes a los que se enfrentan diversas comunidades y grupos. Entre ellos se encuentran la exposición desproporcionada a los peligros medioambientales y los consiguientes efectos adversos para la salud derivados de dicha exposición, el acceso desigual a los servicios medioambientales y la preocupación por las implicaciones distributivas de las políticas medioambientales. 

    Estas preocupaciones pueden verse exacerbadas por la falta de un compromiso significativo y de recursos legales para las comunidades afectadas. La evolución y la manifestación de los movimientos de justicia medioambiental están profundamente arraigadas en contextos históricos y regionales. Los movimientos de base han concienciado a menudo sobre la justicia medioambiental, como ejemplifican las protestas contra el vertido ilegal de residuos tóxicos en distritos predominantemente afroamericanos y de bajos ingresos de Estados Unidos. Por otra parte, en Europa y América Latina también se observan enfoques descendentes a través de instrumentos internacionales como la Convención de Aarhus y el Acuerdo de Escazú, que cimentan el acceso a la información, la participación y la justicia como «derechos de acceso». El movimiento por la justicia medioambiental en Sudáfrica se remonta a finales de la década de 1980, en el contexto más amplio de la lucha por la democracia. En otros lugares de África, la preocupación por el impacto de las industrias extractivas y los residuos electrónicos en la salud y el medio ambiente fue uno de los principales impulsores. El término justicia medioambiental es menos común en la región de Asia-Pacífico, aunque Corea del Sur se ha centrado explícitamente en él en su política medioambiental. En Nueva Zelanda, mientras tanto, el enfoque culturalmente informado de la política reconoce los impactos dispares de la política medioambiental y climática en las poblaciones indígenas. Las investigaciones que documentan la exposición desproporcionada a los riesgos naturales y los provocados por el hombre dan fe de la naturaleza persistente de estas preocupaciones. Abundan los ejemplos, desde inmigrantes a regiones industriales que soportan mayores cargas medioambientales, hasta comunidades indígenas que sufren de forma desproporcionada la contaminación atmosférica causada por incendios forestales cada vez más frecuentes debido al cambio climático. Agravada por vías de exposición pasadas por alto y una capacidad de adaptación desigual, la dispar calidad del medio ambiente puede magnificar las desigualdades sanitarias existentes en la intersección de la raza, el género y las características socioeconómicas. Una mayor exposición a los peligros medioambientales puede agravar aún más la vulnerabilidad y provocar efectos diferenciales sobre la salud. En relación con esto, los servicios medioambientales, como los espacios verdes y el agua potable, también están desigualmente disponibles para las comunidades. La bibliografía sobre justicia medioambiental también se está ampliando gradualmente para incluir el acceso diferencial a un conjunto más amplio de servicios medioambientales, incluida la infraestructura de recarga de vehículos eléctricos. Hay dinámicas complejas que subyacen a la exposición desigual a los peligros medioambientales, que varían en el espacio y en el tiempo. Por ejemplo, hay casos de decisiones de ubicación por motivos raciales que se explican en términos de menor riesgo de enfrentarse a la resistencia de la comunidad, pero las empresas también pueden optar por ubicar sus operaciones basándose en consideraciones de costos sin una intención discriminatoria. 

    Con el tiempo, la ubicación de las instalaciones y los riesgos pueden reducir los costos de la vivienda, induciendo a los hogares socioeconómicamente desfavorecidos a residir en las zonas circundantes. Los costos y beneficios de las políticas medioambientales también se distribuyen socio-espacialmente a través de canales como los mercados laborales y los efectos sobre la renta. Las políticas medioambientales pueden inducir a las empresas a sustituir la mano de obra por tecnología (que ahorra mano de obra), lo que perjudica desproporcionadamente a los trabajadores peor pagados y con menos cualificaciones transferibles. Las protestas contra el impacto de la política medioambiental en los costos, en medio de las crisis entrelazadas de los turbulentos mercados energéticos y las tensiones geopolíticas, atestiguan además la importancia de considerar adecuadamente los impactos distributivos a la hora de recabar y mantener el apoyo público a unas políticas medioambientales ambiciosas. Un análisis de las respuestas a la Encuesta de la OCDE revela que el término justicia medioambiental no es común entre las administraciones nacionales a pesar de la ubicuidad de las consideraciones de equidad en la política medioambiental. Desde la terminología de «racismo ambiental» en Canadá hasta la de «desigualdades ambientales» en Francia, se utilizan términos alternativos o adicionales para referirse a un conjunto similar de cuestiones. Aunque el uso explícito del término indica un enfoque más directo para abordar problemas de justicia ambiental persistentes e históricamente destacados, los países que no utilizan el término suelen abordarlos indirectamente por otros medios. Los países utilizan distintos enfoques para promover la justicia medioambiental. Los enfoques directos pueden consistir en decretos o leyes (Estados Unidos y Corea del Sur), precedentes judiciales (Colombia) o políticas e iniciativas (Alemania). Por su parte, los enfoques indirectos suelen basar la justicia ambiental en la garantía de derechos como el disfrute de un medio ambiente sano (Croacia) y la protección adicional de los grupos vulnerables mediante leyes contra la discriminación o evaluaciones de impacto detalladas (Reino Unido). Estos planteamientos pueden ser acumulativos; las medidas más específicas pueden basarse en planteamientos basados en los derechos. Sin embargo, el análisis revela que los países que tienen enfoques basados exclusivamente en los derechos consideran los aspectos sustantivos de la justicia ambiental con menos detalle que los que tienen medidas más específicas. Existe un interés generalizado por reducir los obstáculos a la participación en la toma de decisiones medioambientales.

     

    El informe examina los desafíos y enfoques nacionales para abordar la justicia ambiental, un concepto que busca corregir la exposición desproporcionada a peligros ambientales, el acceso desigual a beneficios ambientales y las preocupaciones sobre las implicaciones desiguales de las políticas ambientales. El concepto de justicia ambiental se centra en abordar la exposición desigual a peligros ambientales, el acceso desigual a beneficios ambientales y la falta de equidad en las políticas ambientales. El informe subraya que estas desigualdades se ven exacerbadas por la falta de participación significativa y recursos legales adecuados para las comunidades afectadas. La justicia ambiental es crucial en la elaboración de políticas que buscan mitigar la degradación ambiental, la contaminación y el cambio climático, asegurando que todos los grupos tengan voz y acceso justo a los recursos y beneficios ambientales . El informe presenta una amplia revisión de cómo los países de la OCDE y otros abordan la justicia ambiental. A través de encuestas y análisis complementarios, se mapean los diversos métodos empleados, que van desde leyes específicas hasta salvaguardas adicionales para las poblaciones más vulnerables. Se destacan las prácticas que ilustran cómo los países pueden aprender mutuamente y aplicar políticas efectivas que promuevan la justicia ambiental . La justicia ambiental ha evolucionado de diferentes maneras en todo el mundo. En América del Norte, el movimiento se ha centrado en la lucha contra la exposición desproporcionada a contaminantes tóxicos en comunidades de bajos ingresos y minoritarias. En Europa, la atención se ha dirigido hacia la integración de la justicia ambiental en las políticas climáticas. En América Latina, Asia-Pacífico y África, la justicia ambiental aborda problemas como la minería ilegal, la deforestación y la vulnerabilidad climática, reflejando las diferentes necesidades y contextos regionales . El informe destaca tres pilares conceptuales de la justicia ambiental: justicia distributiva, que se refiere a la distribución equitativa de beneficios y cargas ambientales; justicia procedimental, que se enfoca en la participación equitativa en la toma de decisiones ambientales; y justicia de reconocimiento, que enfatiza el reconocimiento y respeto de las comunidades y sus derechos. Estos pilares están interrelacionados y son esenciales para una comprensión holística de la justicia ambiental . Los problemas sustantivos de la justicia ambiental incluyen la exposición inequitativa a peligros ambientales, como la contaminación del aire y el agua, y el acceso desigual a beneficios ambientales, como espacios verdes. Además, se examinan las barreras para el acceso a la información, la participación en la toma de decisiones y el recurso legal. Estas barreras impiden que las comunidades afectadas influyan en las políticas que impactan sus vidas y entornos . El informe detalla métodos y herramientas para identificar y abordar preocupaciones de justicia ambiental, como el uso de mapas de desventaja ambiental y herramientas de evaluación de justicia ambiental. Estas herramientas ayudan a identificar comunidades en riesgo y evaluar el impacto de las políticas ambientales. Las medidas para abordar estas preocupaciones incluyen reducir barreras a la participación, mejorar el acceso a beneficios ambientales y económicos, y minimizar las cargas económicas desiguales de las políticas ambientales .  

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  • Climate Finance Provided and Mobilised by Developed Countries in 2013-2022

    Climate Finance Provided and Mobilised by Developed Countries in 2013-2022

    Desde 2015, a petición de los países donantes, la OCDE ha elaborado análisis de los avances hacia el objetivo fijado en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) para que los países desarrollados movilicen 100 000 millones de dólares anuales para la acción climática en los países en desarrollo, en el contexto de una acción de mitigación significativa y transparencia en la aplicación. Este objetivo se fijó inicialmente para 2020 y luego se amplió hasta 2025. La financiación climática contabilizada para el objetivo de los 100.000 millones de dólares no incluye toda la financiación para la acción climática en los países en desarrollo. Debido al ámbito geográfico, las cifras no incluyen ni la financiación climática pública nacional de los países en desarrollo, ni la financiación climática pública bilateral entre países en desarrollo, ni la financiación climática privada multilateral y movilizada atribuible a los propios países en desarrollo. Además, las cifras presentadas no incluyen ni la financiación privada resultante de las intervenciones de las políticas públicas, ni la financiación privada invertida en ausencia total de intervenciones públicas. Además, aunque los informes de la OCDE relativos al objetivo de los 100.000 millones de dólares proporcionan una lista de países categorizados como proveedores o beneficiarios de financiación climática respectivamente en este contexto, cabe destacar que los «países desarrollados» no son una categoría definida en el Acuerdo de París. En 2022, los países desarrollados proporcionaron y movilizaron un total de 115.900 millones de USD en financiación climática para los países en desarrollo, alcanzando así por primera vez su objetivo colectivo anual de movilizar 100.000 millones de USD para la acción climática en los países en desarrollo. Este logro se produce dos años más tarde que el año objetivo original de 2020, pero un año antes que en las proyecciones elaboradas por la OCDE antes de la COP26, que se basaban en compromisos prospectivos y estimaciones de proveedores públicos bilaterales y multilaterales de financiación para el clima. Debido al aumento interanual más importante y significativo observado hasta la fecha (26.300 millones de USD y un 30% más que en 2021), el total para 2022 alcanzó un nivel que, según las proyecciones de la OCDE, podría alcanzarse en 2025. La financiación total para la adaptación proporcionada y movilizada por los países desarrollados aumentó, a pesar de un pequeño descenso en 2021, alcanzando los 32 400 millones USD en 2022, frente a los 10 100 millones USD en 2016. Este importe total incluye 28 900 millones USD procedentes de fuentes públicas bilaterales y multilaterales. La financiación climática movilizada desde el sector privado para la adaptación también aumentó de 400 millones USD en 2016 a 3.500 millones USD en 2022. Es importante señalar, sin embargo, que los saltos significativos de la financiación privada para la adaptación movilizada en 2020 y 2022 son atribuibles a un pequeño número de proyectos a gran escala.  

    El Pacto Climático de Glasgow de 2021 pedía a los países desarrollados que, para 2025, al menos duplicaran su aportación colectiva de financiación para la adaptación a los países en desarrollo con respecto a los niveles de 2019. El trabajo realizado en el marco del Comité Permanente de Finanzas de la CMNUCC (CPF de la CMNUCC) en un «Informe sobre la duplicación de la financiación de la adaptación» de 2023 abordó cuestiones relacionadas con la base de referencia para la duplicación, los retos metodológicos y las pruebas disponibles hasta 2020. Los resultados del primer Balance Global del Acuerdo de París en diciembre de 2023 reiteraron el llamamiento a la duplicación e instaron a los países desarrollados a preparar un informe en 2024 para evaluar los avances. El importe de la financiación de la adaptación rastreado por la OCDE en 2019 a partir de los datos comunicados por los proveedores bilaterales y multilaterales fue de 18 800 millones de USD. Si se toman como referencia las cifras de financiación pública de la OCDE, en 2022, a medio camino entre 2019 y 2025, los países desarrollados se encontraban aproximadamente a medio camino de cumplir el llamamiento de duplicar la provisión de financiación para la adaptación. Además, entre 2019 y 2022, la financiación de la adaptación movilizada desde el sector privado se duplicó con creces, pasando de 1.500 millones a 3.500 millones de dólares. En la práctica, existen diversos retos y oportunidades para que los proveedores internacionales contribuyan a aumentar la financiación de la adaptación en los países en desarrollo. La financiación de las medidas de adaptación en los países en desarrollo se enfrenta a varios retos: (i) económicos y financieros, como la limitación de las bases impositivas, la capacidad de endeudamiento, el aumento de los niveles de deuda y la falta de incentivos para los inversores privados debido a las dificultades para cuantificar el impacto de los fenómenos climáticos y los beneficios sociales no financieros; (ii) retos institucionales y de gobernanza, como la creciente fragmentación de la arquitectura internacional de financiación de la adaptación, la diversidad de criterios de elegibilidad, los largos procesos de revisión de las propuestas de proyectos y los problemas de acreditación de las entidades nacionales para gestionar los fondos procedentes de fuentes multilaterales. El sector privado tiene un papel clave que desempeñar en la financiación de la acción por el clima en los países en desarrollo. Este es especialmente el caso para salvar la brecha de inversión en áreas como la energía limpia, la agricultura y la resiliencia. En este contexto, la financiación pública puede utilizarse estratégicamente para movilizar la financiación privada, en particular mediante el empleo de mecanismos de reducción de riesgos. El informe esbozó oportunidades clave para que los proveedores internacionales les apoyen en estos esfuerzos, a la vez que proporcionó ideas relacionadas con el aumento de la financiación privada para la acción por el clima en los países en desarrollo de forma más general. Tras varios años de estancamiento, la financiación privada movilizada por la financiación pública para el clima aumentó significativamente tanto en términos relativos como absolutos, alcanzando los 21.900 millones de USD en 2022. Esto representó un aumento del 52% en comparación con 2021.

    El aumento se observó en las tres categorías de proveedores de financiación pública. Aunque no es posible, a nivel agregado, señalar factores explicativos específicos, es probable que este salto anual refleje tanto el fuerte crecimiento de la financiación pública para el clima entre 2021 y 2022 (que creció en 18.300 millones USD o un 25%), como algunas mejoras en la eficacia de dicha financiación pública para movilizar la financiación privada. Para poner este aumento en perspectiva, la financiación total movilizada para el desarrollo por parte de proveedores bilaterales y multilaterales también creció significativamente en 2022, un 27%, pasando de 48.000 millones USD en 2021 a 61.000 millones. En cuanto a los mecanismos de apalancamiento utilizados por los proveedores bilaterales y multilaterales para las actividades relacionadas con el cambio climático, la mayor parte de la financiación privada para el clima se movilizó a través de inversiones en empresas y sociedades instrumentales, garantías y préstamos sindicados. Sin embargo, los distintos tipos de proveedores de financiación pública tienden a recurrir a mecanismos diferentes, lo que refleja mandatos diferentes, así como la necesidad de adaptar la elección y el uso de dichos mecanismos a los distintos contextos nacionales y sectoriales. Hay una serie de retos que pueden afectar al potencial de movilización de la financiación privada para el clima en los países en desarrollo. Entre ellos se encuentran las condiciones generales que favorecen la inversión en los países beneficiarios (por ejemplo, la estabilidad macroeconómica, el riesgo político y los entornos normativos, la disponibilidad de conocimientos técnicos, el costo de la diligencia debida y la supervisión), así como la dinámica comercial en algunas áreas de acción climática que carecen de perfiles de riesgo-rentabilidad suficientemente atractivos para atraer la inversión privada a gran escala. Además, los proyectos individuales suelen ser demasiado pequeños para garantizar una financiación comercial significativa. Además, los objetivos, mandatos y modelos operativos de los actores del desarrollo que despliegan financiación pública internacional para el clima tienden a estar dominados por exposiciones del sector público, una participación limitada del sector privado y modelos centrados en préstamos intensivos en capital que limitan el potencial para movilizar financiación privada. Un préstamo en condiciones favorables se concede a un prestatario en condiciones más preferentes que las disponibles en el mercado, incluidos tipos de interés inferiores a los del mercado, períodos de gracia ampliados o una combinación de ambos.

     

    El informe destaca que la financiación climática proporcionada y movilizada por los países desarrollados ha mostrado una tendencia creciente durante el período 2013-2017. En 2013, la financiación total fue de aproximadamente 52,2 mil millones de USD, aumentando a 71,2 mil millones de USD en 2017. Esta tendencia refleja los esfuerzos continuos de los países desarrollados para cumplir con sus compromisos bajo el Acuerdo de París, aunque todavía se encuentran por debajo del objetivo de 100 mil millones de USD anuales que se esperaba alcanzar para 2020. Los flujos financieros han sido dirigidos tanto a la mitigación como a la adaptación, con una mayor proporción destinada a la mitigación debido a su capacidad para atraer inversiones del sector privado. A pesar del enfoque predominante en la mitigación, ha habido un progreso notable hacia la duplicación de la financiación para la adaptación. En 2017, la financiación para la adaptación se estimó en 12,9 mil millones de USD, representando un aumento significativo en comparación con los años anteriores. Este incremento se debe en parte a la creciente concienciación sobre la vulnerabilidad de muchos países en desarrollo frente a los impactos del cambio climático y la necesidad urgente de construir resiliencia. Sin embargo, el informe subraya que se requieren esfuerzos adicionales para cerrar la brecha de financiación y cumplir con las promesas internacionales. Las fuentes de financiación climática incluyen presupuestos públicos, bancos de desarrollo multilaterales, y el sector privado. Los fondos públicos siguen siendo la principal fuente, representando aproximadamente el 74% de la financiación total en 2017. Los bancos de desarrollo multilaterales han jugado un papel crucial al apalancar financiamiento adicional del sector privado a través de mecanismos de cofinanciación y garantías. Sin embargo, movilizar financiamiento privado sigue siendo un desafío debido a los riesgos percibidos y las barreras de inversión en los países en desarrollo. El informe identifica varios retos en la movilización y asignación de financiación climática, incluyendo la necesidad de una mayor transparencia y rendición de cuentas, y la falta de herramientas y metodologías estandarizadas para rastrear y reportar los flujos financieros. Para abordar estos desafíos, se recomienda una mayor cooperación internacional, el fortalecimiento de capacidades en los países receptores, y la implementación de políticas que faciliten la inversión privada en proyectos de mitigación y adaptación. Además, se enfatiza la importancia de garantizar que la financiación llegue a los países más vulnerables y a las comunidades que más lo necesitan.  

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  • Enhancing China’s ETS for Carbon Neutrality: Introducing Auctioning

    Enhancing China’s ETS for Carbon Neutrality: Introducing Auctioning

    En septiembre de 2020, el Presidente Xi Jinping anunció que China «intentará que las emisiones de CO2 alcancen su punto máximo antes de 2030 y lograr la neutralidad de carbono antes de 2060» (los objetivos de «doble carbono»). Con ello, China estableció una visión clara para una profunda transformación, así como un marco para el desarrollo socioeconómico sostenible. El ritmo de reducción de las emisiones de China en las próximas décadas será un factor importante en los esfuerzos comunes mundiales para limitar el calentamiento global en consonancia con el Acuerdo de París, dado que el país representa un tercio de las emisiones anuales mundiales de CO2 procedentes del sector energético. El sistema nacional de comercio de derechos de emisión (ETS) de China -que entró en funcionamiento en julio de 2021- es un importante instrumento político para alcanzar los objetivos de «doble carbono» del país. El sistema cubre alrededor de 4,5 Gt de CO2 de emisiones anuales del sector energético -alrededor del 40% de las emisiones de CO2 del sector energético de China en 2020-, lo que lo convierte en el mayor RCCDE del mundo en términos de emisiones cubiertas. Se espera que la cobertura se amplíe aún más en los próximos años para incluir a los sectores industriales intensivos en energía, responsables de otro 30% de las emisiones de CO2 del sector energético chino. Reforzar el régimen nacional de comercio de derechos de emisión puede enviar una señal de precios sólida para la descarbonización, impulsar reducciones de emisiones rentables y orientar las inversiones bajas en carbono, todo lo cual puede contribuir a acelerar la transición hacia una energía limpia y el avance de China hacia sus ambiciones climáticas. Aunque el régimen nacional de comercio de derechos de emisión de China asigna actualmente todos los derechos de forma gratuita, ha manifestado su intención de estudiar la introducción de la subasta de derechos de emisión. En respuesta a la invitación del gobierno chino a la AIE para cooperar en los sistemas de comercio de emisiones de carbono, este informe analiza las experiencias internacionales en la aplicación de la subasta de derechos de emisión, centrándose en los objetivos y resultados de las políticas, los elementos clave de diseño y aplicación, y el uso de los ingresos de las subastas. El informe pretende informar a los responsables políticos de China y de otras jurisdicciones en las que la subasta de derechos de emisión está siendo considerada en el diseño o desarrollo de sistemas de comercio de derechos de emisión. Incluye una serie de ideas políticas adaptadas a las circunstancias nacionales de China para informar el proceso político nacional. A medida que las jurisdicciones introducen la subasta de derechos de emisión, se enfrentan generalmente a tres áreas principales de preocupación: la fuga de carbono, las consecuencias económicas y sociales adversas relacionadas con el aumento de los costos para los emisores, y los retos relacionados con la falta de repercusión de los costos en los mercados regulados. Los principales instrumentos utilizados para hacer frente a estos problemas son el reciclado de los ingresos de las subastas (con fines claramente definidos), el uso selectivo de los derechos de emisión gratuitos y, más recientemente, las medidas de ajuste de las emisiones de carbono en la frontera de las importaciones. Las subastas por consignación podrían ser otra forma de combinar ciertas ventajas de las subastas convencionales y abordar parcialmente las preocupaciones antes mencionadas, dado que los ingresos de las subastas se devolverían finalmente a las entidades cubiertas.  

    Los sistemas SCE más maduros han convergido hacia la adopción de la subasta como método de asignación por defecto de los derechos de emisión. Sin embargo, a menudo se siguen concediendo derechos gratuitos en un número limitado de sectores tras una evaluación de los aspectos económicos subyacentes, la exposición a los riesgos de fuga de carbono, los efectos sobre la competitividad y la capacidad de las entidades cubiertas para repercutir sus costos de carbono. Estas evaluaciones suelen realizarse utilizando criterios normalizados y cuantitativos y se centran en dos dimensiones: la intensidad de las emisiones y la exposición comercial. Los resultados de la evaluación también sirven de base para determinar el ritmo de introducción de las subastas, así como el equilibrio entre subastas y asignaciones gratuitas en distintos sectores. Aunque los detalles varían según la jurisdicción, el proceso suele incluir una introducción más rápida y una mayor proporción de subastas en los sectores que afrontan poco o ningún riesgo de fuga y pueden repercutir sus costos de carbono (por ejemplo, el sector de la energía eléctrica y los proveedores de combustible). Las subastas se irán introduciendo progresivamente en los sectores con riesgos de fuga moderados, y más lentamente en los sectores con emisiones muy intensivas y expuestos al comercio (EITE). Incluso en el caso de los sectores que pueden optar a derechos de emisión gratuitos, algunas jurisdicciones han encontrado formas alternativas de reducir progresivamente los derechos gratuitos para incentivar una producción más eficiente y las inversiones en descarbonización. Estos métodos incluyen la introducción de puntos de referencia cada vez más estrictos para la asignación de derechos gratuitos, así como otros factores de reducción o corrección. Los ingresos procedentes de las subastas han adquirido mayor importancia y se consideran una de las principales ventajas de este enfoque. Las jurisdicciones analizadas han convergido cada vez más en soluciones que despliegan los ingresos de las subastas a través de fondos específicos que destinan el gasto a fines concretos. Estas inversiones pueden financiar inversiones adicionales en la mitigación de los gases de efecto invernadero, ayudar a abordar los problemas de competitividad o reducir los costos a largo plazo de la descarbonización a través de la mejora de la innovación. También pueden utilizarse para reducir el impacto de los costos del carbono en los ciudadanos vulnerables, o para apoyar programas de desarrollo económico en regiones afectadas por transiciones industriales. La existencia de mecanismos de gobernanza adecuados y transparentes para el uso de los ingresos de las subastas se considera esencial para alcanzar los objetivos previstos, reforzar la aceptación pública y minimizar los costos administrativos. Estos acuerdos suelen implicar la colaboración interministerial entre el regulador del RCCDE y el Ministerio de Hacienda. 

    Además, es posible que los marcos de gobernanza de los ingresos de las subastas tengan que evolucionar con el tiempo a medida que madura el sistema de comercio de derechos de emisión y cambian las prioridades en cuanto al uso de los ingresos. La adopción de la subasta parcial de derechos en el sistema chino de comercio de derechos de emisión podría reforzar su eficacia medioambiental y de costos, así como su función de apoyo a la consecución de los objetivos de «doble carbono» de China. Una introducción gradual de la subasta, con una cuota de alrededor del 25% para el sector eléctrico en 2035, podría duplicar potencialmente la reducción de emisiones en el sector (reduciendo las emisiones de CO2 en 840 Mt adicionales en 2035) en comparación con un sistema de asignación totalmente gratuito. Este enfoque -que tendría un impacto limitado en los costos totales del sistema- podría crear una nueva fuente de ingresos anuales de unos 39.000 millones de dólares. Las subastas también pueden mejorar el funcionamiento del mercado de carbono chino y ayudar a abordar ciertos retos experimentados en el primer periodo de cumplimiento, aumentando la liquidez del mercado, reforzando la determinación del precio del carbono y permitiendo la aplicación de medidas de ajuste de los precios y la oferta. Las principales cuestiones que hay que abordar al introducir la subasta están relacionadas con la estructura del mercado de la energía, la competitividad y los riesgos de fuga, así como las posibles repercusiones sociales y las complejidades de la gobernanza. El cambio climático se ha convertido en el principal reto de esta generación y el sector energético es uno de los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En los últimos años, los gobiernos de todo el mundo han respondido aumentando sus ambiciones climáticas, incluidos nuevos objetivos para alcanzar las emisiones netas cero. Para alcanzar estos ambiciosos objetivos, es necesario adoptar en esta década marcos políticos que permitan una profunda descarbonización del sector energético para mediados de siglo.

     

    El siguiente informe se centra en cómo la implementación de subastas en el Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) de China puede fortalecer el sistema y acelerar la transición hacia la neutralidad de carbono. El informe responde a la invitación del gobierno chino para cooperar en sistemas de comercio de emisiones y proporciona lecciones basadas en experiencias internacionales. China, responsable de un tercio de las emisiones anuales de CO2 del sector energético mundial, ha establecido objetivos ambiciosos para alcanzar su pico de emisiones de CO2 antes de 2030 y lograr la neutralidad de carbono antes de 2060. En julio de 2021, China lanzó su ETS nacional, cubriendo inicialmente alrededor de 4.5 gigatoneladas de CO2 del sector eléctrico, con planes de expansión para incluir sectores industriales intensivos en energía. Este ETS es fundamental para lograr los objetivos climáticos de China, dado que puede proporcionar señales de precio sólidas para la descarbonización y guiar inversiones en bajas emisiones de carbono. Aunque actualmente todas las asignaciones en el ETS de China se distribuyen gratuitamente, el gobierno chino ha manifestado su intención de explorar la introducción de subastas de derechos de emisión. El informe de la IEA analiza experiencias internacionales en la implementación de subastas, centrándose en objetivos y resultados políticos, elementos clave de diseño e implementación, y el uso de los ingresos generados por las subastas. Estas lecciones están diseñadas para informar a los responsables políticos chinos y de otras jurisdicciones considerando incluir subastas en sus ETS. El informe sugiere que la introducción gradual de subastas en el ETS de China podría fortalecer su efectividad ambiental y económica. Una introducción parcial de subastas, con un porcentaje alrededor del 25% para el sector eléctrico para 2035, podría duplicar las reducciones de emisiones en el sector en comparación con un sistema de asignaciones completamente gratuitas, generando un flujo de ingresos anual significativo. En conclusión, el informe de la IEA ofrece una serie de recomendaciones y lecciones basadas en experiencias internacionales que podrían guiar a China en la implementación efectiva de subastas dentro de su ETS, fortaleciendo así su camino hacia la neutralidad de carbono.   

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  • AI Can Accelerate the Clean Energy Transition—But Only If We Train It To

    AI Can Accelerate the Clean Energy Transition—But Only If We Train It To

    It is encouraging to see American homes, vehicles, and new industrial facilities moving away from fossil fuels in favor of clean electricity. A less welcome trend is the rapid growth in electricity demand that the power grid is unprepared for. The proliferation of data centers to meet the growing demand for artificial intelligence (AI) is exacerbating this problem. 

    Our daily digital lives depend on energy-intensive computing power. When we work in the cloud, shop online, stream TV, use social media, or call a ride, we use electricity. AI models are among the most energy-hungry digital processes we’ve seen in decades. AI offers enormous potential to advance knowledge and convenience and accelerate the digitalization of modern cities, buildings, transportation, farms, and factories. It can also help keep our electricity supply affordable and reliable even as demand surges. 

    Companies like Google and Microsoft/Open AI are leveraging their procurement power to accelerate advanced clean electricity technologies. Similar efforts have primarily focused on supply-side solutions, such as wind and solar in the immediate future, and eventually advanced nuclear, enhanced geothermal, hydrogen, and long-term storage. These are worthy initiatives, but building more generation and transmission capacity alone cannot resolve the new energy crisis we are facing, at least not within the limited time left for us to combat climate change. All these innovative technologies won’t be widely adopted for decades. In the meantime, our grid will continue to strain under the power demands of AI, electric vehicles, and other electric equipment and devices in a more connected world.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.aceee.org/blog-post/2024/06/ai-can-accelerate-clean-energy-transition-only-if-we-train-it
  • SOLVING THE EV CHARGING DILEMMA

    SOLVING THE EV CHARGING DILEMMA

    In the International Energy Agency’s (IEA) most recent World Energy Outlook, a couple of technologies stood out for their unprecedented growth rates. Despite the lasting disruptions of the energy crisis sparked by Russia’s invasion of Ukraine and lingering supply chain and economic challenges from the COVID-19 pandemic, the IEA said that the rapid emergence of solar photovoltaics (PV) and electric vehicles (EVs) were quickly becoming a foundation of a new clean energy economy.

    According to the IEA, one in 25 cars sold globally in 2020 was electric. By 2023, that number had risen to one in five cars. In the U.S., a similar story of rising demand for EVs has taken shape despite a rash of news stories about slowing demand. In each of the first three quarters of 2023, EV sales broke records, and annual sales were forecast to surpass one million for the first time ever. In California, one in four new car sales are now EVs, and the state beat its target of 1.5 million new EV sales almost two years early.

    Para leer más ingrese a:

    https://eprijournal.com/solving-the-ev-charging-dilemma/
  • FERC issues landmark transmission planning, cost allocation rule, with dissent over state roles

    FERC issues landmark transmission planning, cost allocation rule, with dissent over state roles

    At a special open meeting Monday, the Federal Energy Regulatory Commission on a 2-1 vote issued a long-awaited transmission planning and cost allocation reform rule that aims to help the United States meet its long-range transmission needs.

    The U.S. is experiencing significant load growth, the power supply mix is changing and the grid is being pushed to the brink by extreme weather, FERC Chairman Willie Phillips said during the meeting. But high-voltage power line construction hit a record low in 2022, and much of that construction was “Band Aid fixes,” he said, noting that FERC hasn’t updated its transmission planning requirements in more than a decade.

    “This rule cannot come fast enough,” Phillips, a Democrat, said during the meeting. “There is an urgent need to act to ensure the reliability and the affordability of our grid.”

    Para leer más ingrese a:

    https://www.utilitydive.com/news/ferc-transmission-planning-cost-allocation-rule/716018/

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Descripción del semáforo tecnológico

Los documentos se clasifican en varios colores tipo semáforo tecnológico que indican el nivel de implementación de la tecnología en el país

Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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